Hoy Homero entendió todo

Hoy llevé a mi hija al cole con Homero.
No sé por qué nunca había juntado su paseo con nuestra caminata de todas las mañanas. Quizás porque cada uno tenía su rutina clara, como compartimentos separados de la vida.
Quizás porque me gusta dedicarle el tiempo que cada uno merece.

Pero hoy no.
Hoy fuimos los tres juntos.

La verdad es que Homero amaneció ansioso.
Es algo que le pasa seguido: se pone inquieto, va y viene, me busca con la mirada como preguntando “¿qué vamos a hacer hoy?”.
Y en lugar de hacer lo de siempre —primero llevar a mi hija al cole y después volver para pasearlo— decidí que viniera con nosotras.

Cuando ella entró al colegio, me quedé mirando a Homero.
Él también la miraba, fijo, con esa intensidad silenciosa que tienen los perros cuando algo les hace clic adentro.
Como si pensara: “Ah… es acá donde desaparece tantas horas.”

Después empezó a observar a los demás chicos que entraban corriendo,
con esa energía caótica y hermosa de la mañana.
Y juro que vi algo nuevo en su cara.
Una especie de sonrisa.
Una comprensión.

De vuelta a casa, Homero —mi schnauzer mini blanco de once años, mi compañero de tantos días— caminaba distinto.
Liviano.
Y lo más sorprendente:
ya no estaba ansioso.

Lo miré y entendí que tal vez necesitaba esto:
ver el recorrido matutino de mi hija, y no simplemente verla irse de casa para no volver durante 9 horas.
El necesitaba unir las piezas, entender un poco más del mundo que compartimos. A veces la ansiedad no es más que eso: no saber dónde va lo que amamos, ni cuándo vuelve.

Mientras lo miraba avanzar, pensé en lo lindo que es criar hijos con una mascota al lado.
Cómo completan la familia casi sin hacer ruido.
Cómo son importantes para nuestras vidas… y nosotros para la suya.

Y ahí me cayó un pensamiento sencillo:
A veces, la ansiedad afloja cuando las piezas, simplemente, se ordenan

Hoy Homero entendió todo.

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Soy Cafecita

Cafecita Lab

Curiosa, sensible, 100% comunicadora, y —sí— todos dicen que hablo hasta por los codos.
Amo el café, las mañanas de sol, las charlas con amigas, la comida rica, mi familia y los libros que te mueven algo por dentro.

Hace tiempo estoy aprendiendo a encontrar alegría en lo cotidiano: en lo pequeño, lo simple, lo que a veces pasa desapercibido.

Cafecita Lab nació como una necesidad: volver a lo que me acompañó desde siempre y que me llevó a estudiar Comunicación Social en la UBA: escribir.

Este blog es un espacio para acompañarnos: yo escribiendo, vos leyendo, l@s dos buscando lo mismo.

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